Emigrantes.
el 9 abr En: Libros - sin comentarios
Cuando el palomo miope se posa sobre los aleros de los edificios, contempla la ciudad y la descubre de colores: múltiples etnias, múltiples culturas, múltiples lenguajes... Una realidad múltiple. Hasta aquí han llegado procedentes de lugares lejanos, y se pregunta si ellos también percibirán la variedad de colores, de aromas, de sabores...
Este pensamiento le ha hecho recordar un libro que leyó no hace mucho y que llevaba el título de Emigrantes.
¿Lo leyó? Posiblemente sí. Porque leer es lo que hacemos cuando paseamos nuestra mirada por las páginas de este libro sin palabras al que su propio autor, Shaun Tan (Perth, Australia, 1974) ha definido como novela gráfica silenciosa.
"Una de las razones fundamentales por las que decidí prescindir del texto fue destacar este principio: el protagonista no puede leer ni comprender nada, así que el lector tampoco debería poder."
Nos puede resultar imposible pasar cerca de esta especie de álbum fotográfico familiar sin prestarle atención, porque se trata de una edición extraordinaria llevada a cabo -como no podía ser de otra manera- por una modesta pero prestigiosa y osada Bárbara Fiore Editora, una empresa compuesta por la propia Bárbara y su pareja, Francisco Delgado. Hicieron una apuesta arriesgada al comprar los derechos de esta obra, pues es un libro que resulta muy caro de reproducir.
La cubierta se asemeja, efectivamente, a un olvidado álbum rescatado de algún viejo baúl escondido en el oscuro desván. ¿Cómo no tomarlo entre las manos, acariciarlo y disponerse a ojear sus páginas? Se explica, desde el primer momento, la necesidad de llevárselo a casa para leerlo con detenimiento.
Las imágenes nos recuerdan esas fotografías de principios del siglo pasado que recogían la partida o la llegada de grandes corrientes migratorias desde Europa hacia los Estados Unidos o Australia. Shaun Tan comenzó su investigación basándose en historias autobiográficas de emigrantes; sus dibujos, fotorrealistas, están todos hechos a lápiz, y recrean (o crean) un mundo de personas, animales, objetos domésticos, edificios, vehículos, paisajes, todos ellos imaginarios.

Las causas por las que se emigra han sido siempre las mismas: penurias económicas, opresión política, el dragón cuya sombra se adueña de la ciudad de origen y que la convierte en inhabitable.
Shaun Tan nos muestra el triste momento de hacer el equipaje para partir, intuimos la mirada asombrada del recién llegado y, finalmente, cómo se adapta a la nueva situación: tal vez la aceptación de lo que ha sido inevitable. ¿Queda sitio para la añoranza?
Después del largo viaje, el emigrante alcanza el nuevo mundo, su nuevo mundo. Allí lo primero que encuentra es la soledad y la imposibilidad de interpretar cuanto le rodea, las calles, los edificios, las formas de vida... incluso los animales domésticos son raros.
Pero en la evolución de la historia que Tan nos presenta también hallamos el ansia de vivir arraigado en un lugar, la tendencia a buscar refugio en objetos y costumbres conocidas para combatir la soledad y la inseguridad, encontramos calor en las relaciones humanas, gente con ganas de ayudar.
Le preguntaron a Shaun Tan si se había sentido influido por los recientes movimientos migratorios de América del Sur y África hacia Europa. Para Tan, la historia reciente no tuvo tanta influencia en su idea del libro como la del pasado:
"Mi principal punto de referencia fue la influencia de los inmigrantes europeos en Australia en los años 50 y 60. Probablemente estoy más interesado en el pasado que en el presente, ya que como artista hay que tomar una cierta distancia del tema, para poder apartarse de él y reflejarlo."
Pero Sahun Tan reconoce que la historia tampoco es diferente del presente. Según él, los seres humanos son los mismos, con los mismos problemas, lo que permite al lector generalizar y aplicar sus principios a cosas que están sucediendo ahora mismo a nuestro alrededor.
"Confío en que mi libro se lea en parte como una novela sobre inmigración, pero también que vaya más allá de cualquier cuestión social: que se entienda cómo las circunstancias pueden cambiar inevitablemente en la vida de todos nosotros, y cómo las personas aprenden a adaptarse y a aceptar las nuevas situaciones, sin importarles lo extraño o desconcertante que parecen al principio."
Imágenes:
1. Portada del libro "Emigrantes".
2, 3, 4, 5 y 6. Ilustraciones del citado libro.
7. El autor, Shaun Tan. Perth, Australia, 1974.
Él la miró a ella, a tan solo unos centímetros de su aliento. Y le dijo:
El viento traspasó la ventana del verano. Sintió en el rostro su voz, su caricia y su aroma. Echó de menos su mirada.
En La historia de Erika (Kalandra Editora, 2005), Ruth Vander Zee nos quiere hablar de la esperanza ante el horror. Se trata de un relato duro, escrito para conmemorar el 60 aniversario de la liberación de Auschwitz. El libro retoma el doloroso tema de Rosa Blanca -del que ya se habló aquí hace unos días- y, como éste, cuenta con unas impresionantes, estremecedoras y subyugantes ilustraciones de Roberto Innocenti.

Imágenes:
En su rostro nadie podría adivinar rabia ni rencor. Los labios apretados mostraban tal vez sólo decepción. Pero el brillo de sus ojos, aquella lágrima que se negaba a salir al exterior y resbalar por una inocente mejilla, nos descubría a todos su infinita dignidad.
Cruzaban sus miradas unos a otros en torno a la mesa. Una mesa cubierta de copas a punto de llegar a su fin. Botellas secas, copas casi vacías, ceniceros rebosando humo y colillas. Miradas severas. Gestos compungidos. Un mal resultado, un pésimo partido. Silencios decepcionados.
A Roberto Innocenti (Bagno a Ripoli, Italia, 1940), uno de los ilustradores de libros infantiles más reconocidos, galardonado el pasado año con el Premio Andersen por la totalidad de su obra como ilustrador, no le resultó fácil publicar "Rosa Blanca", con textos de Christophe Gallaz. Se trata de un álbum donde la crudeza de la historia que se narra se plasma sobre todo a través de las imágenes hiperrealistas de Innocenti. Una historia demasiado dura para una sociedad que quiere sobreproteger a los niños y que éstos no lleguen a conocer el dolor.
En esta historia real se basa el libro de Innocenti, protagonizado por Rosa Blanca, una niña alemana que vive en una pequeña aldea durante el nazismo en el poder.
Su vida cotidiana comienza a alterarse con la presencia de tropas y vehículos militares que pasan por su pueblo. Su curiosidad la lleva a seguir a uno de esos camiones. Y en un claro del bosque, Rosa Blanca descubre el horror: un campo de concentración era el destino de quienes iban en el camión militar.
Al cabo de un tiempo, un revuelo en el pueblo sorprende a Rosa Blanca: las autoridades y los soldados se retiran en desbandada. Rosa decide visitar una vez más el campo de concentración pero cuando llega no encuentra a nadie. El lugar está abandonado.
"Los adultos, padres, maestros, los protectores de los niños quieren para éstos las cosas que no hacen daño. Piensan que es mejor que el niño viva en un mundo dulce, mórbido, etéreo, infantilizado, reducido y protegido. Esto ha dado como resultado en el mundo editorial una preferencia por un tipo de ilustración con estereotipos infantilizados, que parece que les da buenos resultados. Así, no corren riesgos. Los niños lo aceptan quizás porque se les ofrece como adecuado a ellos, infantil, pero llega un momento en que se aburren de todo esto porque es siempre lo mismo. Este modo de educar es artificial y al creador le exige poco. Creo que los niños son más inteligentes y valientes. De todas maneras, es difícil decir quién se equivoca y quién tiene razón." 

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