La Coctelera

La despedida.

Posteado por: El Palomo Miope el 14 oct En: Relatos - sin comentarios

De qué te servirá mi mirada.

Los dos frente a frente envueltos en el silencio. Inmóviles, los dos. Unidos sólo por el tiempo que, ya imposible el presente, siempre será pasado.

Mis brazos caídos, sintiendo el peso de unas manos que ya no pueden acariciar. Que nunca más acariciarán.

Tus manos reposando cruzadas sobre el pecho inerte.

Tus párpados cerrados. ¿De qué me serviría tu mirada?


Imagen: "Junto al lecho de muerte". Edvard Munch, 1895

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La sencillez.

Posteado por: El Palomo Miope el 13 oct En: Relatos - sin comentarios

Su profesor de Composición Literaria le había aconsejado que buscara siempre la sencillez.

"Olvídate de los adjetivos", le suplicaba.

Ay, aquel viejo, chiflado y necio profesor. Tan superficial, insustancial, trivial, frívolo, vacío, liviano, huero, vano, frustrado y desvergonzado como atrevido, arrogante, deslenguado, petulante, jactancioso, presumido, incapaz, inepto, obtuso, negado, desmañado, incompetente, tardo, nulo, negado, inútil, cerril, desastre, zote, zopenco...


Imagen: "Letras". Juan Navarro de Baldeweg. 1998.

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Caballitos de cartón.

Posteado por: El Palomo Miope el 10 oct En: Relatos - sin comentarios

Al ver su imagen reflejada en el cristal del escaparate, se dio cuenta de que el tiempo, irremediablemente, había pasado demasiado deprisa.

No fueron sus canas, ni su rostro entristecido y arrugado, ni sus hombros encogidos. No fue su mirada dubitativa o su gesto abatido.

En el escaparate ya no estaban los caballitos de cartón que hasta ayer, justo hasta ayer mismo, habían alimentado todas sus ilusiones.


Imagen: "Anticuario". Francisco Silluè, 1995.

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La muñeca.

Posteado por: El Palomo Miope el 9 oct En: Relatos - sin comentarios

Sólo ella conocía todos sus secretos.

Desde el primer instante supo el significado de la palabra lealtad. Por eso, siempre había cumplido las leyes de la fidelidad, y siempre se había visto tratada con gratitud.

Ahora, después de tantos años, sabía que todos esos afectos habían sido recíprocos.

Y, a pesar de que sentía el dolor inmenso del silencio y la soledad, estaba segura de que sus labios permanecerían para siempre cerrados.


Imagen:  "La muñeca". Jaume Queralt, 1987.

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Emigrantes.

Posteado por: El Palomo Miope el 9 abr En: Libros - sin comentarios

Cuando el palomo miope se posa sobre los aleros de los edificios, contempla la ciudad y la descubre de colores: múltiples etnias, múltiples culturas, múltiples lenguajes... Una realidad múltiple. Hasta aquí han llegado procedentes de lugares lejanos, y se pregunta si ellos también percibirán la variedad de colores, de aromas, de sabores...

Este pensamiento le ha hecho recordar un libro que leyó no hace mucho y que llevaba el título de Emigrantes.

¿Lo leyó? Posiblemente sí. Porque leer es lo que hacemos cuando paseamos nuestra mirada por las páginas de este libro sin palabras al que su propio autor, Shaun Tan (Perth, Australia, 1974) ha definido como novela gráfica silenciosa.

"Una de las razones fundamentales por las que decidí prescindir del texto fue destacar este principio: el protagonista no puede leer ni comprender nada, así que el lector tampoco debería poder."

Nos puede resultar imposible pasar cerca de esta especie de álbum fotográfico familiar sin prestarle atención, porque se trata de una edición extraordinaria llevada a cabo -como no podía ser de otra manera- por una modesta pero prestigiosa y osada Bárbara Fiore Editora, una empresa compuesta por la propia Bárbara y su pareja, Francisco Delgado. Hicieron una apuesta arriesgada al comprar los derechos de esta obra, pues es un libro que resulta muy caro de reproducir.

La cubierta se asemeja, efectivamente, a un olvidado álbum rescatado de algún viejo baúl escondido en el oscuro desván. ¿Cómo no tomarlo entre las manos, acariciarlo y disponerse a ojear sus páginas? Se explica, desde el primer momento, la necesidad de llevárselo a casa para leerlo con detenimiento.

Las imágenes nos recuerdan esas fotografías de principios del siglo pasado que recogían la partida o la llegada de grandes corrientes migratorias desde Europa hacia los Estados Unidos o Australia. Shaun Tan comenzó su investigación basándose en historias autobiográficas de emigrantes; sus dibujos, fotorrealistas, están todos hechos a lápiz, y recrean (o crean) un mundo de personas, animales, objetos domésticos, edificios, vehículos, paisajes, todos ellos imaginarios.

Las causas por las que se emigra han sido siempre las mismas: penurias económicas, opresión política, el dragón cuya sombra se adueña de la ciudad de origen y que la convierte en inhabitable.

Shaun Tan nos muestra el triste momento de hacer el equipaje para partir, intuimos la mirada asombrada del recién llegado y, finalmente, cómo se adapta a la nueva situación: tal vez la aceptación de lo que ha sido inevitable. ¿Queda sitio para la añoranza?

Después del largo viaje, el emigrante alcanza el nuevo mundo, su nuevo mundo. Allí lo primero que encuentra es la soledad y la imposibilidad de interpretar cuanto le rodea, las calles, los edificios, las formas de vida... incluso los animales domésticos son raros.

Pero en la evolución de la historia que Tan nos presenta también hallamos el ansia de vivir arraigado en un lugar, la tendencia a buscar refugio en objetos y costumbres conocidas para combatir la soledad y la inseguridad, encontramos calor en las relaciones humanas, gente con ganas de ayudar.

Le preguntaron a Shaun Tan si se había sentido influido por los recientes movimientos migratorios de América del Sur y África hacia Europa. Para Tan, la historia reciente no tuvo tanta influencia en su idea del libro como la del pasado:

"Mi principal punto de referencia fue la influencia de los inmigrantes europeos en Australia en los años 50 y 60. Probablemente estoy más interesado en el pasado que en el presente, ya que como artista hay que tomar una cierta distancia del tema, para poder apartarse de él y reflejarlo."

Pero Sahun Tan reconoce que la historia tampoco es diferente del presente. Según él, los seres humanos son los mismos, con los mismos problemas, lo que permite al lector generalizar y aplicar sus principios a cosas que están sucediendo ahora mismo a nuestro alrededor.

"Confío en que mi libro se lea en parte como una novela sobre inmigración, pero también que vaya más allá de cualquier cuestión social: que se entienda cómo las circunstancias pueden cambiar inevitablemente en la vida de todos nosotros, y cómo las personas aprenden a adaptarse y a aceptar las nuevas situaciones, sin importarles lo extraño o desconcertante que parecen al principio."


Imágenes:
 1. Portada del libro "Emigrantes".
 2, 3, 4, 5 y 6. Ilustraciones del citado libro.
 7. El autor,  Shaun Tan. Perth, Australia, 1974.

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Los sueños.

Posteado por: El Palomo Miope el 4 mar En: Pintura Relatos - sin comentarios

Él la miró a ella, a tan solo unos centímetros de su aliento. Y le dijo:

- Siempre sueño con el pasado. Nunca con el futuro.

Cuando ella abandonó el ascensor, pensó que al menos los borrachos no hablan del tiempo.

Y tal vez digan la verdad.


Imagen: "Sueño". Andrés Cillero, 1993.

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El viento.

Posteado por: El Palomo Miope el 1 mar En: Relatos - sin comentarios

El viento traspasó la ventana del verano. Sintió en el rostro su voz, su caricia y su aroma. Echó de menos su mirada.


Imagen: "Wind from the Sea". Andrew Wyeth, 1948.
 

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La historia de Erika.

Posteado por: El Palomo Miope el 28 feb En: Libros - 1 comentario

A veces, no sabe muy bien por qué, quizás porque posa su mirada desenfocada sobre realidades que alguien se atreve a cuestionar, el palomo miope se pregunta cuál es el rostro del miedo, del horror, de la desesperanza... Y cuál es el rostro del olvido.

En La historia de Erika (Kalandra Editora, 2005), Ruth Vander Zee nos quiere hablar de la esperanza ante el horror. Se trata de un relato duro, escrito para conmemorar el 60 aniversario de la liberación de Auschwitz. El libro retoma el doloroso tema de Rosa Blanca -del que ya se habló aquí hace unos días- y, como éste, cuenta con unas impresionantes, estremecedoras y subyugantes ilustraciones de Roberto Innocenti.

Aquí también es una niña la protagonista. Pero en esta ocasión es la propia Erika, superviviente del holocausto, quien cuenta su historia a Ruth Vander Zee, la historia verídica de un bebé arrojado por sus padres desde uno de los trenes que los nazis llevaban a los campos de exterminio. El bebé era Erika.

Erika sólo sabe que nació en 1944, pero desconoce la fecha exacta de su nacimiento, la ciudad o el país, incluso su nombre auténtico. Tampoco sabe si tuvo hermanos, ni cómo se llamaban sus padres... Pero toda esa ausencia no le impide imaginar cómo pudieron haber sido los pocos días que pasó con su familia, cómo se sentirían sus padres al tener que abandonar su casa y sus bienes, obligados por las tropas alemanas a vivir en un gueto. Puede imaginar el abrazo de su madre, en aquel vagón lleno de lágrimas, hedor y espanto. Y aquella decisión terrible. Aquel gesto desgarrador que arrojó a la pequeña bebé fuera del tren que les conducía a la muerte.

Sabe Erika que su pequeño cuerpecito, envuelto en una manta tal vez de color rosa -así la ilustra Innocenti entre imágenes en blanco y negro, evocando a la niña del abrigo rojo de La lista de Schindler- cayó sobre la hierba junto a un paso a nivel. Sabe que alguien la recogió, que fue entregada a una mujer que la cuidó, la alimentó, la educó...

En este libro, Innocenti recurre a las imágenes en blanco y negro, recordando aquellas viejas fotografías de la Segunda Guerra Mundial. Las figuras humanas carecen de rostro. Víctimas y verdugos aparecen de espaldas o cortados por la cintura. Sin embargo, las ilustraciones que abren y cierran esta historia son a todo color, pero en ellas una Erika, ya crecida y fuera del horror de la guerra, tampoco nos muestra su rostro.

El palomo miope quiere pensar que, por fortuna, libros como éste de Ruth Vander Zee y Roberto Innocenti, ubicados y promocionados debidamente en las bibliotecas de los colegios e institutos, podrán ser capaces de mantener viva la memoria, para evitar que los sinvergüenzas pretendan confundirnos o engañarnos.


Imágenes:
1. Portada del libro "La historia de Erika". Kalandra Editora. Pontevedra, 2005.
2 y 3. Ilustraciones de Roberto Innocenti para el citado libro.
4. La autora del texto, Ruth Vander Zee (Chicago, 1944).

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