Se había acostumbrado a mirar la vida a través del visor de su cámara de fotos.
Había capturado durante décadas los movimientos de la gente que paseaba siempre por la misma calle, los detenía en la memoria y en la película, y cuando en su pequeño estudio revelaba aquellas imágenes, descubría en ellas miradas y sonrisas, sinceras o forzadas; descubría silencios; imaginaba vidas; recreaba amores; suponía ilusiones.
Le gustaba creer que la vida detenida por su cámara en un segundo, permanecería enmarcada sobre una mesa, sobre un piano, colgada en una pared. Resguardada en una cartera, o protegida dentro de un álbum aireado cada vez más de tarde en tarde.
Y le llenaba de emoción pensar que tal vez algunos de aquellos desconocidos que se colocaron ante su objetivo, recordaban al viejo fotógrafo de la calle Mayor.
Por eso, al abrir la caja sintió la emoción del que sabe que nuevamente tiene toda la vida ante sus ojos y, como si volviese a comenzar desde el primer día, con el cuidado que se dispensa a un recién nacido, sacó su nueva cámara digital. Su nueva Canon Powershot S2 IS, 5 MP, zoom óptico 12x, 499 euros en Carrefour.
Pero a partir de ahora iba a detener el mundo y la vida sólo para él.
Categoría: Fotografía
Es interesante (saludable, necesario...) mirar las cosas desde otra perspectiva. Yo intento hacerlo desde la mirada del vuelo del palomo.
Mirar la vida: con mil miradas, para hallar la diversidad, los contrastes, la diferencia, las sombras, las luces...; mirarse a uno mismo: con una sola mirada, para encontrarme con la coherencia.
Los espejos no están sólo para que nos miremos a nosotros mismos. Veremos siempre una imagen invertida: los demás no nos ven así.
Miro mi reflejo en el reflejo de un espejo y entonces veo mi imagen real. Y, a pesar de ello, seguirá siendo un reflejo. Y eso no es bueno ni malo. Sólo es diferente.
También podemos mirar la vida en sus reflejos, y tendremos de ella una visión distinta. Descubriremos, tal vez, pequeños detalles que jamás supimos percibir.
Pablo Cobos es un fotógrafo de Santiago de Compostela que nos invita a dar un paseo por la monumental ciudad pero desde una perspectiva nueva e inesperada: el reflejo en los charcos de la lluvia.
Nacido en 1975 en la capital gallega dice que la lluvia en Santiago es arte. Y quiere con sus imágenes retratar "la belleza de las piedras graníticas, el inmenso enlosado pétreo que compone las calles del casco histórico convertido en lienzos luminosos por un agua, hoy, más que milagrosa".
"Entre las nubes y la tierra se levanta imponente Santiago de Compostela, donde los granitos enlosados de su suelo y la lluvia incesante nos envuelven en una bohemia de poético sentido existencial.
Al final, sólo queda el paseante admirando arquitecturas que cada año son un siglo más viejas; al final sólo quedan las piedras con su sábana de agua. Al final todo es un reflejo."
El palomo detiene el vuelo y picotea los brillos sobre la piedra, y los llena de color. No porque crea que son diamantes, sino porque sabe que son gotas de agua.

