El palomo miope http://miope.lacoctelera.net es-es Cultura cuentos pintura http://s3.amazonaws.com/lcp/miope/f/ccf0a917dd071370e3b3e7bca49487b2.jpg El palomo miope http://miope.lacoctelera.net the-shaker v0.1. More on http://www.the-shaker.com Emigrantes. http://miope.lacoctelera.net/post/2009/04/09/emigrantes 2009-04-09T13:52:27+00:00 Cuando el palomo miope se posa sobre los aleros de los edificios, contempla la ciudad y la descubre de colores: múltiples etnias, múltiples culturas, múltiples lenguajes... Una realidad múltiple. Hasta aquí han llegado procedentes de lugares lejanos, y se pregunta si ellos también percibirán la variedad de colores, de aromas, de sabores...

Este pensamiento le ha hecho recordar un libro que leyó no hace mucho y que llevaba el título de Emigrantes.

¿Lo leyó? Posiblemente sí. Porque leer es lo que hacemos cuando paseamos nuestra mirada por las páginas de este libro sin palabras al que su propio autor, Shaun Tan (Perth, Australia, 1974) ha definido como novela gráfica silenciosa.

"Una de las razones fundamentales por las que decidí prescindir del texto fue destacar este principio: el protagonista no puede leer ni comprender nada, así que el lector tampoco debería poder."

Nos puede resultar imposible pasar cerca de esta especie de álbum fotográfico familiar sin prestarle atención, porque se trata de una edición extraordinaria llevada a cabo -como no podía ser de otra manera- por una modesta pero prestigiosa y osada Bárbara Fiore Editora, una empresa compuesta por la propia Bárbara y su pareja, Francisco Delgado. Hicieron una apuesta arriesgada al comprar los derechos de esta obra, pues es un libro que resulta muy caro de reproducir.

La cubierta se asemeja, efectivamente, a un olvidado álbum rescatado de algún viejo baúl escondido en el oscuro desván. ¿Cómo no tomarlo entre las manos, acariciarlo y disponerse a ojear sus páginas? Se explica, desde el primer momento, la necesidad de llevárselo a casa para leerlo con detenimiento.

Las imágenes nos recuerdan esas fotografías de principios del siglo pasado que recogían la partida o la llegada de grandes corrientes migratorias desde Europa hacia los Estados Unidos o Australia. Shaun Tan comenzó su investigación basándose en historias autobiográficas de emigrantes; sus dibujos, fotorrealistas, están todos hechos a lápiz, y recrean (o crean) un mundo de personas, animales, objetos domésticos, edificios, vehículos, paisajes, todos ellos imaginarios.

Las causas por las que se emigra han sido siempre las mismas: penurias económicas, opresión política, el dragón cuya sombra se adueña de la ciudad de origen y que la convierte en inhabitable.

Shaun Tan nos muestra el triste momento de hacer el equipaje para partir, intuimos la mirada asombrada del recién llegado y, finalmente, cómo se adapta a la nueva situación: tal vez la aceptación de lo que ha sido inevitable. ¿Queda sitio para la añoranza?

Después del largo viaje, el emigrante alcanza el nuevo mundo, su nuevo mundo. Allí lo primero que encuentra es la soledad y la imposibilidad de interpretar cuanto le rodea, las calles, los edificios, las formas de vida... incluso los animales domésticos son raros.

Pero en la evolución de la historia que Tan nos presenta también hallamos el ansia de vivir arraigado en un lugar, la tendencia a buscar refugio en objetos y costumbres conocidas para combatir la soledad y la inseguridad, encontramos calor en las relaciones humanas, gente con ganas de ayudar.

Le preguntaron a Shaun Tan si se había sentido influido por los recientes movimientos migratorios de América del Sur y África hacia Europa. Para Tan, la historia reciente no tuvo tanta influencia en su idea del libro como la del pasado:

"Mi principal punto de referencia fue la influencia de los inmigrantes europeos en Australia en los años 50 y 60. Probablemente estoy más interesado en el pasado que en el presente, ya que como artista hay que tomar una cierta distancia del tema, para poder apartarse de él y reflejarlo."

Pero Sahun Tan reconoce que la historia tampoco es diferente del presente. Según él, los seres humanos son los mismos, con los mismos problemas, lo que permite al lector generalizar y aplicar sus principios a cosas que están sucediendo ahora mismo a nuestro alrededor.

"Confío en que mi libro se lea en parte como una novela sobre inmigración, pero también que vaya más allá de cualquier cuestión social: que se entienda cómo las circunstancias pueden cambiar inevitablemente en la vida de todos nosotros, y cómo las personas aprenden a adaptarse y a aceptar las nuevas situaciones, sin importarles lo extraño o desconcertante que parecen al principio."


Imágenes:
 1. Portada del libro "Emigrantes".
 2, 3, 4, 5 y 6. Ilustraciones del citado libro.
 7. El autor,  Shaun Tan. Perth, Australia, 1974.

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Los sueños. http://miope.lacoctelera.net/post/2009/03/04/los-suenos 2009-03-04T23:15:32+00:00 Él la miró a ella, a tan solo unos centímetros de su aliento. Y le dijo:

- Siempre sueño con el pasado. Nunca con el futuro.

Cuando ella abandonó el ascensor, pensó que al menos los borrachos no hablan del tiempo.

Y tal vez digan la verdad.


Imagen: "Sueño". Andrés Cillero, 1993.

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El viento. http://miope.lacoctelera.net/post/2009/03/01/el-viento 2009-03-01T21:17:17+00:00 El viento traspasó la ventana del verano. Sintió en el rostro su voz, su caricia y su aroma. Echó de menos su mirada.


Imagen: "Wind from the Sea". Andrew Wyeth, 1948.
 

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La historia de Erika. http://miope.lacoctelera.net/post/2009/02/28/la-historia-erika 2009-02-28T11:58:39+00:00 A veces, no sabe muy bien por qué, quizás porque posa su mirada desenfocada sobre realidades que alguien se atreve a cuestionar, el palomo miope se pregunta cuál es el rostro del miedo, del horror, de la desesperanza... Y cuál es el rostro del olvido.

En La historia de Erika (Kalandra Editora, 2005), Ruth Vander Zee nos quiere hablar de la esperanza ante el horror. Se trata de un relato duro, escrito para conmemorar el 60 aniversario de la liberación de Auschwitz. El libro retoma el doloroso tema de Rosa Blanca -del que ya se habló aquí hace unos días- y, como éste, cuenta con unas impresionantes, estremecedoras y subyugantes ilustraciones de Roberto Innocenti.

Aquí también es una niña la protagonista. Pero en esta ocasión es la propia Erika, superviviente del holocausto, quien cuenta su historia a Ruth Vander Zee, la historia verídica de un bebé arrojado por sus padres desde uno de los trenes que los nazis llevaban a los campos de exterminio. El bebé era Erika.

Erika sólo sabe que nació en 1944, pero desconoce la fecha exacta de su nacimiento, la ciudad o el país, incluso su nombre auténtico. Tampoco sabe si tuvo hermanos, ni cómo se llamaban sus padres... Pero toda esa ausencia no le impide imaginar cómo pudieron haber sido los pocos días que pasó con su familia, cómo se sentirían sus padres al tener que abandonar su casa y sus bienes, obligados por las tropas alemanas a vivir en un gueto. Puede imaginar el abrazo de su madre, en aquel vagón lleno de lágrimas, hedor y espanto. Y aquella decisión terrible. Aquel gesto desgarrador que arrojó a la pequeña bebé fuera del tren que les conducía a la muerte.

Sabe Erika que su pequeño cuerpecito, envuelto en una manta tal vez de color rosa -así la ilustra Innocenti entre imágenes en blanco y negro, evocando a la niña del abrigo rojo de La lista de Schindler- cayó sobre la hierba junto a un paso a nivel. Sabe que alguien la recogió, que fue entregada a una mujer que la cuidó, la alimentó, la educó...

En este libro, Innocenti recurre a las imágenes en blanco y negro, recordando aquellas viejas fotografías de la Segunda Guerra Mundial. Las figuras humanas carecen de rostro. Víctimas y verdugos aparecen de espaldas o cortados por la cintura. Sin embargo, las ilustraciones que abren y cierran esta historia son a todo color, pero en ellas una Erika, ya crecida y fuera del horror de la guerra, tampoco nos muestra su rostro.

El palomo miope quiere pensar que, por fortuna, libros como éste de Ruth Vander Zee y Roberto Innocenti, ubicados y promocionados debidamente en las bibliotecas de los colegios e institutos, podrán ser capaces de mantener viva la memoria, para evitar que los sinvergüenzas pretendan confundirnos o engañarnos.


Imágenes:
1. Portada del libro "La historia de Erika". Kalandra Editora. Pontevedra, 2005.
2 y 3. Ilustraciones de Roberto Innocenti para el citado libro.
4. La autora del texto, Ruth Vander Zee (Chicago, 1944).

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La lágrima. http://miope.lacoctelera.net/post/2009/02/25/la-lagrima 2009-02-25T20:30:58+00:00 En su rostro nadie podría adivinar rabia ni rencor. Los labios apretados mostraban tal vez sólo decepción. Pero el brillo de sus ojos, aquella lágrima que se negaba a salir al exterior y resbalar por una inocente mejilla, nos descubría a todos su infinita dignidad.

Por su mente jamás pasaría la idea del perdón.


Imagen: "La pequeña Ana", Axel Gallen-Kallela. 1897

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Paréntesis. http://miope.lacoctelera.net/post/2009/02/24/parentesis 2009-02-24T18:34:22+00:00 Cruzaban sus miradas unos a otros en torno a la mesa. Una mesa cubierta de copas a punto de llegar a su fin. Botellas secas, copas casi vacías, ceniceros rebosando humo y colillas. Miradas severas. Gestos compungidos. Un mal resultado, un pésimo partido. Silencios decepcionados.

Él miró disimuladamente su reloj y contaba los minutos que faltaban para volver a abrazarla. Para volver a besarla. Para volver a amarla. A ella.


Imagen: "Almuerzo con pintores de Skagen", Peter Severin Krøyer. 1883.

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Rosa Blanca. http://miope.lacoctelera.net/post/2009/02/23/rosa-blanca 2009-02-23T13:47:21+00:00 En ocasiones, al palomo miope le gusta posarse sobre los libros infantiles, no para recuperar el calor de los tiempos lejanos, sino para acercar su mirada desenfocada a las preciosas ilustraciones que suelen acompañar extraordinarios relatos.

A Roberto Innocenti (Bagno a Ripoli, Italia, 1940), uno de los ilustradores de libros infantiles más reconocidos, galardonado el pasado año con el Premio Andersen por la totalidad de su obra como ilustrador, no le resultó fácil publicar "Rosa Blanca", con textos de Christophe Gallaz. Se trata de un álbum donde la crudeza de la historia que se narra se plasma sobre todo a través de las imágenes hiperrealistas de Innocenti. Una historia demasiado dura para una sociedad que quiere sobreproteger a los niños y que éstos no lleguen a conocer el dolor.

Afortunadamente, Innocenti se encontró con la mirada exenta de prejuicios del ilustrador y editor suizo Étienne Delessert, que decidió publicar la obra.

Sophie Scholl pertenecía a un grupo de jóvenes alemanes que había decidido luchar pacíficamente contra el régimen nazi. El grupo se llamaba "La rosa blanca", y su arma era la libertad de las ideas. Sophie Scholl, su hermano Hans y otros tres compañeros tuvieron un final trágico: fueron capturados por la Gestapo y condenados a muerte.

En esta historia real se basa el libro de Innocenti, protagonizado por Rosa Blanca, una niña alemana que vive en una pequeña aldea durante el nazismo en el poder.

Su vida cotidiana comienza a alterarse con la presencia de tropas y vehículos militares que pasan por su pueblo. Su curiosidad la lleva a seguir a uno de esos camiones. Y en un claro del bosque, Rosa Blanca descubre el horror: un campo de concentración era el destino de quienes iban en el camión militar.

Rosa Blanca entabla relación con un niño prisionero y, a partir de ese momento, la niña visitará varias veces más el campo llevando comida y aliento a los que sufren el encierro.

Al cabo de un tiempo, un revuelo en el pueblo sorprende a Rosa Blanca: las autoridades y los soldados se retiran en desbandada. Rosa decide visitar una vez más el campo de concentración pero cuando llega no encuentra a nadie. El lugar está abandonado.

"Los barracones de madera habían desaparecido y estaba destruida la alambrada. Rosa Blanca dejó caer el bolso con la comida. Se quedó quieta, en silencio.

Se movieron sombras entre los árboles. Eran soldados. Apenas se los distinguía. Para ellos, el enemigo estaba en todas partes. De pronto, sonó un disparo."

La niña no regresó esta vez al pueblo. El crimen de la guerra, absurdo e injusto, se había cobrado una víctima más.

Reflexionando acerca de cómo tiene que ser un libro para niños, Roberto Innocenti dice:

"Los adultos, padres, maestros, los protectores de los niños quieren para éstos las cosas que no hacen daño. Piensan que es mejor que el niño viva en un mundo dulce, mórbido, etéreo, infantilizado, reducido y protegido. Esto ha dado como resultado en el mundo editorial una preferencia por un tipo de ilustración con estereotipos infantilizados, que parece que les da buenos resultados. Así, no corren riesgos. Los niños lo aceptan quizás porque se les ofrece como adecuado a ellos, infantil, pero llega un momento en que se aburren de todo esto porque es siempre lo mismo. Este modo de educar es artificial y al creador le exige poco. Creo que los niños son más inteligentes y valientes. De todas maneras, es difícil decir quién se equivoca y quién tiene razón."  Revista CLIJ, Año 9, Nº 87. Barcelona, octubre de 1996.


Imágenes:
1. Portada del libro "Rosa Blanca". Idea y acuarelas de Roberto Innocenti, texto de Christophe Gallaz (Salamanca, Lóguez Ediciones, 1987)
2, 3 y 4. Ilustraciones de Innocenti para el libro "Rosa Blanca".
5. Roberto Innocenti recibe el premio Premio Hans Christian Andersen 2008.

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El consuelo. http://miope.lacoctelera.net/post/2009/02/22/el-consuelo 2009-02-22T10:06:30+00:00

Se tomaron de la mano.

Sabían, ella y él, que no todo estaba perdido. Sabían que tal vez dentro de unos meses todo podría volver a la normalidad.

Pero, por ahora, sólo sus manos entrelazadas les servían de consuelo.


Imagen: "Dolor", Albert Edelfelt.1894

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El encuentro con el señor Burdick. http://miope.lacoctelera.net/post/2009/02/21/el-encuentro-con-senor-burdick 2009-02-21T19:18:45+00:00 Lo descubrí casualmente allí, ordenado en su estantería, mostrando discretamente su fino lomo.

"Los misterios del señor Burdick" es un librito de Chris Van Allsburg de apenas 27 páginas, editado por el Fondo de Cultura Económica (México, 1999). En él encontramos una breve introducción escrita por el autor y catorce láminas fascinantes, cada una con su respectivo título y el comienzo de un posible relato, una frase insólita, tal vez inquietante.

En "Los misterios del señor Burdick" se nos cuenta que hace treinta años, Peter Wenders, un viejo editor ya jubilado, recibió en su despacho a un tal Harris Burdick que le dijo que había escrito catorce cuentos y llevaba un dibujo por cada uno de ellos.

Wenders quedó fascinado con las ilustraciones y le dijo a Burdick que le gustaría leer los cuentos lo antes posible y ver el resto de los dibujos.

"El artista quedó en llevárselos al día siguiente por la mañana y dejó los catorce dibujos con Wenders. Sin embargo, no regresó al día siguiente ni el día después de ése. Nunca más se volvió a oír de Harris Burdick. A lo largo de los años, Wenders trató de averiguar quién era Burdick y qué le había sucedido, pero no pudo descubrir nada. Hasta la fecha, Harris Burdick sigue siendo un misterio absoluto."

Cuenta Van Allsburg que cuando le comentó a Wenders lo difícil que resultaba mirar las imágenes y leer sus epígrafes sin imaginar un cuento, él sonrió y salió de la habitación. Regresó con una caja de cartón cubierta de polvo. Contenía docenas de historias; todas inspiradas por los dibujos de Burdick. Habían sido escritas hacía años por los hijos de Wenders y sus amigos.

En realidad, "Los misterios del señor Burdick" es un álbum que plantea un sugerente juego de creación con el lector. Se trata de catorce dibujos que buscan una historia, catorce propuestas que puede desarrollar el lector... el observador.

Sí. Podemos pasar largo rato contemplando una sola de las imágenes del libro, admirar cada uno de los detalles, imaginar las historias que pueden descubrirse tras ellas. Tal vez escribirlas.

Desde la web de Chris Van Allsburg se accede al concurso de cuentos de "Los misterios del señor Burdick". Allí nos encontraremos con que incluso Stephen King escribió en 1993 un cuento basándose en una imagen de este libro: La casa de la calle Maple.

El escritor e ilustrador Chris Van Allsburg (Grand Rapids, Míchigan, 1949) es autor, entre otros de The Garden of Abdul Gasazi (1979), Jumanji (1981, medalla Caldecott, otorgada al artista más destacado en la creación de un libro-álbum para niños), El expreso polar (1985, también medalla Caldecott) o Zathura (2002).


Imágenes:

 1. Portada del libro "Los misterios del señor Burdick", con la ilustración titulada "Otro lugar, otro tiempo". El epígrafe dice así: "Si había una respuesta, él la encontraría allí".
 2.Ilustración de "Un extraño día en julio": "Lanzó con todas sus fuerzas, pero la tercera piedra rebotó de regreso".
 3. Ilustración de "Capitán Tory": "Movió su farol tres veces y lentamente apareció la goleta".
 4. Chris Van Allsburg.

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Cerezas, manzanas y moras. http://miope.lacoctelera.net/post/2007/05/20/cerezas-manzanas-y-moras- 2007-05-20T18:09:18+00:00 El palomo miope lleva mucho tiempo oculto en las cornisas de los viejos edificios de la ciudad, contemplando aburrido el discurrir monótono de los días.

Y, de repente, tal vez animado por el sol y la temperatura primaveral, quizás harto de contemplar su propia imagen en los charcos de las plazas y avenidas, recupera su mirada miope y quiere hacerlo de la mano del amigo Manuel y el artista del que habla en el último comentario en este blog, Antonio Castelló Avilleira, un madrileño nacido en el 72 cuya obra, en un primer golpe de vista, sencillamente impresiona.

El hiperrealismo surge a finales de los 60 en los Estados Unidos como una tendencia radical de la pintura realista que propone reproducir la realidad de manera casi fotográfica, o sin casi.

En aquella época, la tendencia dominante era la abstracción, y el realismo estaba mal visto, porque se consideraba un arte que copiaba de fotografías o de la realidad sin ningún interés.

Sin embargo, artistas como Chuck Close, Malcolm Morley o Richard Estes, desarrollaron técnicas totalmente nuevas de representación de la realidad, consiguiendo resultados siempre asombrosos. Lo que ha venido en llamarse fotorrealismo americano. En España, Antonio López es, sin duda, la figura más relevante de este hiperrealismo mágico.

Dice el crítico Miguel Ángel Gómez Cortés que los óleos de Castelló Avilleira reflejan un aire de nostalgia por un mundo anterior, donde los recuerdos (fotografías, postales, objetos y cartas) permanecen en sombra. En sus cuadros aparecen sulfatadoras, botellas antiguas, regaderas...

El propio Castelló Avielleira responde que intenta rescatar la nostalgia que desprenden: "Me encantan las antigüedades y quiero dejar constancia de todos los elementos y de la atmósfera." "Empecé trabajando la pintura impresionista y poco a poco me fui introduciendo en el realismo y después en el hiperrealismo, donde sigo." Sobre sus composiciones de frutas dice:

"Últimamente estoy trabajando ese tipo de fotorrealismo americano. Me gusta rescatar la grandeza de lo mínimo, la gracia de la curva y el color." Y es verdad. En el fondo, sus cerezas, manzanas y moras, son curvas de color y de luz que rescatan desde lo mínimo la grandeza de la vida sencilla que nos rodea.

Que, a fin de cuentas, es lo que le gusta al palomo miope.

 

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