Se sentaron, como todos los sábados por la tarde desde hace casi veinte años, para tomar un café y unas pastas. Se sentaron para conversar nuevamente sobre don Diego, o sobre Dieguito, según sea una u otra la que habla. Eran tantos los recuerdos. Una u otra sacaba, de vez en cuando, alguna carta o alguna foto, y se quedaban las dos contemplando el recuerdo entre sus manos.

Ya no había lágrimas. En otros tiempos sí las hubo. La una y la otra lloraron por culpa de don Diego, o Dieguito. Las dos lloraron con razón. La una por culpa de la otra, la otra por culpa de la una. Después ya no lloraron hasta que él murió. Y fue allí, ante su tumba, donde las dos mujeres se vieron por primera vez las caras, se miraron a los ojos con firmeza y se dieron cuenta de que Dieguito, o don Diego, las había hecho muy felices a las dos.
Pasó algún tiempo hasta que una invitó a la otra a merendar, un sábado por la tarde. Creía que podía conocer mejor al hombre tanto tiempo amado si descubría la otra parte de su vida, y, de esa manera, amarlo de una forma más completa. La otra pensó que quizás no fuera tan buena idea, pero acudió a la cita.
Han pasado casi veinte años desde aquel primer café con pastas.
Ya no hay reproches.
Imagen: "Dos mujeres bajo la lámpara". Edouard Vuillard.


Ojalá encuentre to a la Mujer que ocupa su Otra Vida.... así sabría cómo Quererle o cómo Odiarle.
Ayer vi una película titulada: "La soledad era esto". Preciosa, la recomiendo.
La madre muerta de la protagonista hablaba de que todos tenemos un gemelo en las antípodas, que siente, sufre y se alegra como nosotros en el mismo instante...contado en la película es muy bonito.
Creo que valen mil veces más este par de mujeres que Dieguito...
Por cierto Tiritando, si te gusto la peli de ayer, te recomiendo el libro es de Millás , es mejor aun que la película.