El hermano prefecto daba a diestro y siniestro, sin contemplaciones. Me lo advertía mi hermano la víspera de mi primer día en el colegio La Salle.
En el patio de recreo se congregaban casi mil niños (sólo varones), desde primero de primaria con su griterío, carreras y algarabía, hasta sexto de bachiller, circunspectos, con americana, camisa blanca y corbata.
Cuando el hermano prefecto tocaba el silbato por primera vez, los casi mil niños se colocaban en ordenadas filas, cada uno con su grupo, frente al hermano o al profesor que tuviera en ese momento que impartirles clase.
El segundo toque de silbato del hermano prefecto dejaba al instante aquel patio en un terrible y absoluto silencio. Recuerdo que fue aquélla la primera vez que mis piernas temblaron.
Con el tercer toque de silbato, la primera fila se ponía en marcha hacia las aulas. Apenas el ligero sonido de los pasos de casi mil niños lograba ocultar el silencio que reinaba en aquel patio.
No eran tan maravillosos años. La sotana del prefecto era negra, como después lo sería la pasta de mis primeras gafas.
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Enhorabuena por el texto. Casi me han temblado las piernas a mí también.
Las vivencias del pasado deben hacernos reflexionar para obrar con mayor lucidez en el futuro. Dejando a un lado el rencor y pensando en qué podemos mejorar.
Hemos avanzado bastante, pero aún hay tanto que mejorar...
Hermanos de La Salle. Me traen recuerdos. Y no muy buenos, la verdad. Pero eran otros tiempos.
Wow... Me hizo acordar jodidamente a mi infancia en un colegio de similares caracteristicas. Siempre remarque mil y un puntoa negativos de aquel colegio, pero realmente no recordaba el silencio del patio luego de algun recreo. Y si, verdaderamente era para hacerle temblar las piernas a cualquiera.
Saludos.
Mi querido amigo. ¿Son tan negras tus gafas como la sotana de los curas? Si es así cómprate unas como las mías, son color guinda seca, hermosas, más hermosas ellas que tener que usarlas, lamentablemente me llego la hora a los 45 años. Cámbiales el color… los curas no pueden cambiárselo a su sotana. Sigue escribiendo...
Buen texto. Seguramente Ernesto Sábato estará de acuerdo contigo..."todo tiempo pasado fue peor"
Saludos