Me gustaría preguntarle:

¿Por qué me adoras?.

He echado barriga y mal genio. Mi pelo encaneció y mis ojeras aparentan un falso cansancio.
Sé que cada día bebo más y como menos la comida que ella me prepara, que no pienso dejar de fumar, que me gusta recostarme en el sillón y poner los pies sobre la mesita para ver esos partidos de fútbol pay-per-view, cuando nunca me gustó el deporte. Sé que hace años que no vamos juntos al cine, y sólo salimos a cenar el tercer sábado de cada mes.
Hace tiempo que no soy el que fui en el sexo, y nunca fui una maravilla -prometí sinceridad-, y mi desaliño ha ido creciendo paralelo a la edad.
Sin embargo... será mejor no preguntarle nada. Y me pregunto:

¿Por qué la adoro?

Imagen: "Mujer sentada", de Willem De Kooning.