Siempre había temido el momento de no poder decir hasta mañana a sus compañeros de trabajo. Se imaginaba la jubilación como algo, además de lejano, hueco y sin sentido: el final de la vida útil. El trabajo había llenado su existencia, mucho más que la familia fracasada.
Nada más cerrar la puerta, sintió que el corazón palpitaba de manera diferente. En su memoria se iban atropellando los buenos y los malos momentos de aquellos cuarenta y dos años. En el bolsillo de la americana, el reloj grabado con el nombre de la empresa, una fecha y un agradecimiento, también dejaba sentir sus latidos.
Ya en la calle, contempló los edificios que se elevaban hacia un cielo plomizo, y la acera y los coches y las personas que caminaban aceleradas, siempre con asuntos tan urgentes y tan importantes. Tan vitales.
A pocos pasos del portal que acababa de abandonar para siempre, se quedó mirando un cartel que le hizo enderezar la espalda y abrir una sonrisa:

CURSO DE DIBUJO Y PINTURA
Abierto plazo de matrícula
Precios especiales para niños y jubilados
Imagen: "La alegría", de Albert Rafols Casamada (1998).
Acrílico sobre lienzo. 200 x 200 cm. Galería Joan Prats..