De qué te servirá mi mirada.

Los dos frente a frente envueltos en el silencio. Inmóviles, los dos. Unidos sólo por el tiempo que, ya imposible el presente, siempre será pasado.

Mis brazos caídos, sintiendo el peso de unas manos que ya no pueden acariciar. Que nunca más acariciarán.

Tus manos reposando cruzadas sobre el pecho inerte.

Tus párpados cerrados. ¿De qué me serviría tu mirada?


Imagen: "Junto al lecho de muerte". Edvard Munch, 1895